¿El papa, contra Irán?
© Juan Fernando Sánchez Peñas
www.laexcepcion.com (20 de mayo de 2008; publicado previamente en El Blog de Cordura)

Con frecuencia se cree que el Vaticano es un agente de paz. Sin embargo, un atento examen de sus discursos y movimientos oficiales quizá exige cuestionar esa imagen.

«Nosotros respetamos al Papa y a todos quienes están interesados en la paz y la justicia» (Mahmud Ahmanideyad, presidente de Irán, El País, 19.9.06).

“En medio de la crisis, Irán envía carta a Benedicto XVI”, titulaba Infobae.com el 27 de diciembre del mismo año 2006. «El papa Benedicto XVI recibió hoy al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manusher Muttaki, quien le entregó un mensaje del presidente Mahmud Ahmadineyad, anunció el Vaticano. En la entrevista, el Papa “reafirmó el papel que la Santa Sede piensa ejercer por la paz en el mundo, no como autoridad política, sino religiosa y moral, haciendo un llamamiento a las conciencias para que los problemas de los pueblos se resuelvan siempre en el diálogo, la mutua comprensión y la paz”.»

Justo un año después, el presidente iraní enviaba “saludos navideños” a Benito 16, jefe supremo del Vaticano (MetroLatinoUSA.com, 27.12.07).

Pero nada de eso, como tampoco los regalitos que ocasionalmente se intercambiaron delegaciones de ambos estados, garantizaba realmente un futuro halagüeño para el pueblo iraní, condenado por el Imperio, por la pasividad de las gentes y... ¿por el propio monarca de Roma? (Ver La Visita (I): Para qué fue B16 a Estados Unidos).


En línea con los belicistas

De hecho, en septiembre de 2006, cuando los tambores de guerra contra Irán ya llevaban muchos meses sonando (ver ¿Dejaremos que los masacren?), el papa pronunciaba su tristemente célebre discurso antiislámico de Ratisbona, entrando públicamente de lleno con él en la estrategia imperial de choque de civilizaciones (a pesar de que, en línea con muchos otros documentos papales, ese mismo discurso a la vez contenía declaraciones pro diálogo; ver BXVI: ¿Apostando por la guerra?).

Incluso mucho antes de esa fecha, el 1º de enero de 2006, algunos vieron en su mensaje de Año Nuevo un ataque velado al régimen iraní, al que habría acusado de «incitar a sus ciudadanos a ser hostiles hacia otros países» (lo que sería una alusión a comentarios de Ahmadineyad contra el régimen “israelí”, sistemáticamente tergiversados por la prensa occidental como si denotasen el propósito de arrasar el país hebreo).

Pero sería sobre todo después de Ratisbona cuando llegarían sucesivas alusiones papales a Irán, siempre en línea acusadora y alguna de ellas (lo que ya es “mucho” tratándose del sinuoso lenguaje vaticano) nombrando de manera explícita a ese país. Así, el 8 de enero de 2007, Ratzinger reclamó a su gobierno «que acepte lo que ha calificado como “propuestas legítimas” para negociar su polémico plan nuclear» (El País, 8.1.07), asumiendo por entero la postura imperial al respecto.

El 29 de julio de ese mismo año (fecha en la cual la ONU ya había emitido tres resoluciones sancionadoras contra el régimen persa), usó un lenguaje que llevaba meses siendo empleado frente a Irán, al afirmar que «cada vez es más actual y urgente el compromiso por alentar la no proliferación de armas nucleares, promover un progresivo y compartido desarme nuclear y favorecer el uso pacífico y seguro de la tecnología nuclear a favor de un auténtico desarrollo» (Zenit, 29.7.07; destacado añadido, como en todas los demás casos). Hay que recordar que el contencioso artificial con Irán se basa en acusaciones, jamás demostradas, de que «que viola sus compromisos bajo el tratado de No Proliferación Nuclear» (John Bolton, embajador de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas, BBC, 15.10.05).

El 9 de octubre, dirigiéndose a los dirigentes del Congreso Mundial Judío en una reunión celebrada en el Vaticano, Benito 16 subrayó que Irán era «un asunto de gran preocupación» para él (Times Online, 9.10.07). Tales palabras, pronunciadas ante esos interlocutores (que sin duda las escucharon complacidos), sólo podían tener un sentido crítico hacia el régimen iraní, acorde con los planes bélicos del Imperio y de los sionistas más guerreristas. Al parecer, según la misma fuente, el papa también habló de «su preocupación sobre el auge del antisemitismo, describiendo que deseaba usar las herramientas educativas para contrarrestar el odio de los dirigentes iraníes hacia el pueblo judío e Israel». (Por cierto, como recoge esa misma crónica, el gobierno de Ahmadineyad niega insistentemente ser antisemita e Irán alberga la más numerosa comunidad hebrea de la región –a excepción de “Israel”–; agreguemos que dicha minoría étnica cuenta con representación en el parlamento iraní y tiene garantizados legalmente catorce días al año para celebrar sus festividades religiosas).

El 18 de octubre fue Celestino Migliore, observador permanente de la "Santa" Sede ante Naciones Unidas, el encargado de hablar a favor de la “no proliferación de armas nucleares” (Zenit, 18.10.07).

Todavía en 2007, el 11 de diciembre Benito 16 se mostraba “preocupado” por la “amenaza nuclear” y volvía a emplear la expresión “no proliferación” (Univisión.com, 11.12.07). Significativamente, las palabras del papa llegaron sólo poco más de una semana después de hacerse público un informe interno de una agencia dependiente de la propia administración estadounidense que, para fastidio de los principales responsables de ésta, negaba el peligro atómico iraní.

El jefe supremo de la ICR no aludió directamente a este asunto durante su estancia en Estados Unidos. Es llamativo, no obstante, que el 14 de abril de 2008, justo la víspera de ese viaje, efectuara unas jugosas declaraciones sobre la necesidad del desarme. Particular mención merece que dijera: «Se da una tendencia a sobreponer la economía civil a la militar, como demuestra la continua difusión de bienes y conocimientos de “doble uso”, es decir, el civil y el militar. Este riesgo es grave en los sectores biológico, químico y nuclear, en los cuales los programas civiles no serán nunca seguros si no se da el abandono general y completo de los programas militares y hostiles» (Zenit, 14.4.08).

Aunque las palabras del llamado “sumo pontífice” eran, como a menudo sucede, más bien ambiguas, lo cierto es que dado el momento elegido para decirlas, los antecedentes ya recogidos aquí, y la coyuntura internacional en su conjunto, no resulta muy difícil captar sus intenciones. ¿Qué país viene siendo acusado en estos últimos años de desarrollar un programa (nuclear) de “doble uso”, en el que el uso civil sería “fachada” del uso militar? No parece que haga falta responder.


¿El discurso confirmatorio?

El 18 de abril pasado, Benito 16 pronunciaba ante la asamblea general de la ONU el discurso más esperado de su viaje a Estados Unidos. Se trataba de una buena ocasión para ver si hacía alguna alusión al “contencioso iraní”. Lo cierto es que, pese a que casi nadie lo ha constatado, varios comentarios del papa en ese discurso fueron reveladores y seguramente agradaron mucho a los sectores imperialbelicistas. Veamos uno de los párrafos:

«El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Este principio ha sido definido sólo recientemente, pero ya estaba implícitamente presente en los orígenes de las Naciones Unidas y ahora se ha convertido cada vez más en una característica de la actividad de la Organización. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención la que causa un daño real. Lo que se necesita es una búsqueda más profunda de los medios para prevenir y controlar los conflictos, explorando cualquier vía diplomática posible y prestando atención y estímulo también a las más tenues señales de diálogo o deseo de reconciliación.»

Toda una apología de la guerra “protectora” (téngase en cuenta que el uso de la fuerza militar está contemplado en la Carta de la ONU). Muy “oportuna” en el contexto presente. Condenando, incluso, la no intervención (bélica incluida, claro). Y usando los típicos eufemismos del Sistema, como ése de la “comunidad internacional”. No olvidemos que el Imperio decretó hace unos años la expulsión de Irán de dicha “comunidad”, condenándolo como uno de los miembros del “Eje del Mal”. Conocido es, además, que uno de los argumentos que a veces esgrimen quienes acosan a Irán es que su gobierno viola los derechos humanos (cosa que, por otra parte, no carece de fundamento... sin perjuicio de admitir que no es en modo alguno el único que lo hace, ni de recordar que quienes más le acusan de ello llevan estos años demostrando ser expertos violadores de tales derechos; ver, p. ej., el caso de la prisión de Abu Ghraib).

Benito 16 estaría, por tanto, evocando a Irán en las mentes de quienes escucharon (o leyeron) su discurso. Pero veamos más. En el párrafo siguiente, tras varias consideraciones sobre el “principio de la 'responsabilidad de proteger'”, agrega:

«Cuando eso ocurre [la grave violación de la libertad y dignidad humanas], los fundamentos objetivos de los valores que inspiran y gobiernan el orden internacional se ven amenazados, y minados en su base los principios inderogables e inviolables formulados y consolidados por las Naciones Unidas. Cuando se está ante nuevos e insistentes desafíos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragmático, limitado a determinar “un terreno común”, minimalista en los contenidos y débil en su efectividad.»

¿A qué “nuevos desafíos” se refiere Benito? Aunque en buena lógica es más bien Irán el país “desafiado” por la prepotencia imperialista, lo cierto es que el término 'desafío' en relación con ese país (la expresión 'desafío iraní', en particular) viene dando mucho juego a los grandes propagandistas occidentales desde que se inició el acoso al mismo. Por lo demás, las últimas palabras de la cita que nos ocupa, incluido ese rechazo a una respuesta “débil” a tales “desafíos”, sin duda harían las delicias de todos los halcones (pro) imperiales a poco que reparasen en ellas.


Conclusiones… provisionales

Naturalmente, siempre habrá quien diga que insinuamos “demasiado”. Y que verá, incluso, benéficas intenciones en ésas y sobre todo en otras de las palabras del discurso del papa ante Naciones Unidas y de otros discursos vaticanos. Hasta es perfectamente posible que las vea de buena fe. “Destripar” el lenguaje y la diplomacia vaticanos no es cosa fácil. Requiere un cierto grado de familiaridad con ellos, además de no poco espíritu crítico.

Por nuestra parte, aun sin dogmatizar, no tenemos ninguna duda: sabemos a qué carta está jugando el “humano, demasiado humano” Joseph Ratzinger; no en vano él se debe al eje que, además, tanto le conviene. Por eso, ante preguntas más o menos ingenuas como ésa de un católico romano que invita al papa a pronunciarse contra la guerra (“¿Y la guerra, Papa Benedicto?”), respondemos que éste, el mismo que no emitió una sola palabra de condena contra el Genocida en Jefe durante su viaje a Estados Unidos, no se olvida de ella, aunque no sea para impedirla. Y que no es de extrañar que, a las pocas semanas de su visita, conozcamos que los demócratas, el partido supuestamente contrario a Bush, «aprueban fondos para operaciones clandestinas» (Counterpunch, 2.5.08) en un paso más de la escalada bélica contra el pueblo iraní.

Para escribir al autor: juanfernandosanchez@laexcepcion.com
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