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Francisco (I): El papa de los progres
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (8 de marzo de 2014)

Superando algunas sospechas iniciales, buena parte de la izquierda sociológica ha acogido a Bergoglio con los brazos abiertos.

Tan pronto como accedió al trono papal, diversos medios de izquierdas publicaron informaciones sobre supuestas actuaciones inaceptables del entonces arzobispo Bergoglio bajo la dictadura argentina. Circuló un artículo con graves acusaciones publicadas en Página 12 en abril de 2010 (Recordando con ira: Jorge Bergoglio en la dictadura argentina) y se escribieron otros como “Habemus Papam Criminalis” [sic] (Rebelión, 14.3.13).

Pero los principales afectados por aquellos sucesos exculparon a Bergoglio de su supuesta connivencia con el régimen militar (por ejemplo, el sacerdote Jalics, El País, 15.3.13), e incluso se ha publicado un libro que explica cómo el entonces provincial de los jesuitas organizó una red que consiguió salvar a al menos cien personas perseguidas por la dictadura (La Razón, 22.9.13).

Lo que es bien conocido es que en su conjunto la jerarquía católica argentina, como hicieron los dirigentes de otras iglesias, aprobó o no condenó la dictadura. El cura Eduardo de la Serna explica: «La actitud de la jerarquía episcopal en la dictadura fue muy difusa y confusa. Hubo un grupo muy pequeño de obispos claramente opuestos y críticos de la dictadura» y «un grupo no muy grande de obispos francamente cómplices […] Lo cierto es que entre unos y otros conformaron un episcopado cómplice o silencioso, callado y temeroso. No hicieron denuncias claras, no levantaron la voz, no se atrevieron a excomulgar —por ejemplo— a los torturadores». Según él, Bergoglio no perteneció al grupo de los valientes, pero tampoco al de cómplices. En 2000 llegó a pedir perdón en nombre de su iglesia por no «haber hecho lo suficiente» (El País, 23.3.13).


Nuevos fans del papa

Desde que empezó a desplegar gestos y palabras, Francisco ha venido concitando un gran interés entre personas que habitualmente se sentían muy distanciadas de la Iglesia Católica Romana (ICR), o que incluso eran contrarias a ella.

Quién iba a decir que tantos destacados progres se convirtieran en fans del papa… La periodista Julia Otero exclamaba en Twitter que la entrevista del director de La Civiltà Cattolica a Bergoglio era un documento “para enmarcar” (20.9.13). El escritor Antonio Gala, habitual azote de la jerarquía vaticana, se prodiga en elogios a Bergoglio (véanse, por ejemplo, sus “troneras” en El Mundo de 11.1.14, 18.1.14, 1.2.14 o 23.2.14).

Ateos, agnósticos, laicistas… se vuelven admiradores del papa. En Italia, «los intelectuales laicos se rinden ante el Papa» (La Razón, 13.9.13). Ángel F. Fermoselle escribe: «A los que nos creemos ateos –tal vez sin serlo, que el mundo de las creencias es muy resbaladizo–, nos encanta este Papa. […] El Papa Francisco está consiguiendo que los agnósticos –donde estamos todos, queramos o no–, reflexionemos como nunca antes lo habíamos hecho sobre muchos de los paradigmas sostiene la Iglesia como indiscutibles, y que moldean las percepciones y los comportamientos de millones de personas en todo el mundo. […] El Papa revolucionario, inteligente y provocador, conmociona a muchos conservadores pero emociona, quién lo iba a decir, a los ateos». A continuación, agudamente, se plantea: «A veces dudo de si es real o si se trata de una impostor designado por el ala dura del Vaticano para seducir a las ovejas descarriadas» (El Mundo, 21.9.13).


La “conversión” de El País

Más llamativa (aunque en realidad no sorprendente) resulta la línea editorial seguida en este último año por El País, quizá el diario español más influyente, y sin duda el de mayor proyección internacional. Propiedad de grandes grupos financieros y de lobbies del sistema imperial-capitalista (versión Obama/PSOE), mantiene posiciones “progres” en cuanto a lo social, preservando una apariencia de izquierdismo. En materia religiosa su línea siempre ha sido laicista, y en general crítica con la jerarquía de la Iglesia Católica Romana.

Hasta hace un año.

Desde entonces, El País se ha deshecho en elogios al nuevo papa, alcanzando extremos apologéticos equiparables, si no mayores, a los que se puede encontrar en la prensa de línea católica. En sus crónicas, muchas de ellas del corresponsal Pablo Ordaz (entusiasmado con Bergoglio), el diario se ha hecho eco de los “teólogos de la liberación” que esperan grandes cambios con Francisco (20.3.13 y 15.9.13), un papa que viene a «agitar la Iglesia» (28.3.13) y que «inicia su revolución» (13.4.13): «Ha preferido predicar con el ejemplo. ¿Cómo iba a hablar de pobreza instalándose en un apartamento donde —según exclamó cuando lo visitó— podían vivir 300 personas? ¿Cómo iba a hablar de la sencillez de Jesús calzándose unos zapatos rojos confeccionados a medida del lujo vaticano? ¿Cómo predicar valentía desde el interior de un papamóvil blindado?». Es un papa «rupturista» que «ha dado ejemplo personal de austeridad y humildad» (editorial del 15.9.13, en el que se extiende la imagen positiva hasta a Benedicto XVI, quien habría realizado «intentos reformadores» supuestamente frenados por la curia). Bergoglio es «un papa sin miedo» que «seguirá cambiando, mientras le dejen, las vigas enfermas de la Iglesia» (23.7.13). “La curia ultraconservadora se inquieta”, titulan una crónica ilustrada con una significativa foto (junto a estas líneas; 4.8.13). Para Ordaz, «la visita del papa Francisco en Brasil se considera más que un viaje religioso. Y más que un viaje simplemente histórico. Se ha llegado a decir que puede incluso cambiar la historia» (23.7.13; añadimos negritas en las citas). Ni más ni menos.

Todos los editoriales y los colaboradores habituales de El País han destacado el carácter revolucionario del papa, elogiando su aperturismo y proyectando sobre él las típicas obsesiones progres: «Sería fantástico que Francisco aplicara la misma apertura a problemas tales como la sexualidad, los preservativos» (A. Oppenheimer, 24.3.13). A Santiago Roncagliolo, Francisco le recuerda mucho la manera de hablar de los curas comprometidos con los pobres. «Y por cierto, a la de Jesucristo. Si no recuerdo mal las clases de religión, Cristo siempre estaba hablando de los pobres, no de los heterosexuales» (7.4.13)

Según Lluís Bassets, el papa no ha dedicado sus primeros cien días «a la moral sexual y reproductiva, donde el conservadurismo católico busca su identidad y su frontera con la sociedad laica […]. ¿Significa eso que Bergoglio está a favor del aborto, del matrimonio gay y de la reproducción asistida? En absoluto: pero sí nos dice con la elección de los temas de su preferencia que considera mucho más importante arrastrar sus zapatos de pastor junto a los parias de la tierra». Y se pregunta si los cardenales saben a quién han elegido (28.7.13).

David Trueba, habitualmente mordaz con el papado, comenta el viaje de Francisco a Brasil y se lamenta de que a España le tocara la JMJ con Benedicto XVI. Escribe: «Las palabras de este Papa deberían crear una incomodidad saludable. […] Si el cambio de mantra va a ser cierto, quizá sería interesante invitar a este Papa a visitarnos pronto» (30.7.13). Hasta Juan Goytisolo le dedica un amable artículo (28.9.13).

El corresponsal Ordaz defiende a Francisco de quienes dicen que “ha dicho muchas cosas, pero aún no ha hecho nada”: «No es del todo cierto. Es verdad que, seis meses después de su elección, aún no ha cambiado la estructura de la Curia ni ha reformado los corruptos cimientos del banco del Vaticano. Pero tanto en un caso como en otro ya se han visto gestos, incluso golpes en la mesa, que dejan muy claro que el tiempo de la impunidad vaticana se ha acabado. […] Pero el cambio más grande, el más tangible, se puede ver cada día en los diarios de todo el mundo. Ahora la Iglesia católica es noticia por la llegada de un Papa que habla de los pobres, de las periferias del mundo, que le ha declarado la guerra al lujo —y cuánto lujo hay en el Vaticano— y que, para dejarlo claro en la guerra de las imágenes instantáneas, utiliza coches pequeños y a veces prestados» (21.9.13).

También le defiende el autor de la sección “El acento”, quien hasta entonces mostraba un agudo anticlericalismo en sus artículos: «Quienes dudaron de que el afán reformador del primer pontífice argentino de la historia perdería impulso cuando viera los dientes amenazantes de algunas fieras romanas tienen desde el lunes otra razón para considerar que se equivocaron. Francisco ha encargado a la auditora Ernst & Young un análisis de las cuentas del Gobierno vaticano» (20.11.13). Y: «Quienes pensaban que la elección de Francisco era solo un cambio en la puerta empiezan a comprobar, con sensaciones que van de la alegría a la preocupación y a la hostilidad soterrada, que lo que está cambiando es la gestión. Guste o no, el local vuelve a atraer a la gente. Lenta, pero constantemente, los feligreses regresan a las parroquias en un fenómeno que está dejando fuera de juego a sectores dentro y fuera de la Iglesia» (9.12.13).

En el exaltadamente apologético editorial del 22.9.13, El País entra en el análisis puramente religioso, incluso dando por hecho que el papado ha venido representando tradicionalmente “los postulados centrales del evangelio”: «Lejos de mostrar una imagen hierática de trono y pedestal, a este Papa no le importa situarse a ras de tierra, como el resto de los mortales, y mostrarse en su condición más humana y humilde, con sus virtudes y sus defectos. Algunos inmovilistas verán en este gesto una pérdida de autoridad pontificia, un signo de debilidad y hasta una traición. Pero los creyentes preocupados por la lenta e inexorable pérdida de conexión de la Iglesia con las preocupaciones mayoritarias de la sociedad solo pueden ver en el empuje papal una oportunidad. Con su manera de proceder, el papa Francisco invita a instaurar en el seno de la Iglesia una nueva manera de proceder nada pretenciosa, más creativa y cercana, capaz de ejercer la autocrítica y abrir las puertas al cambio. Sin apartarse de los postulados centrales del evangelio, el Papa ejerce de esta forma un nuevo tipo de orientación religiosa mucho más acorde a las necesidades de una sociedad plural que alberga muchas y diferentes sensibilidades».

Jorge M. Reverte, al comparar a Bergoglio con el entonces portavoz de los obispos españoles, escribe: «Heme aquí, sufriendo de una creciente simpatía por el nuevo Papa de una organización a la que soy ajeno y que me ha repugnado desde que llegué a la edad adulta. Pero siento una enorme desconfianza. Porque todavía me gusta más el Papa por el rechazo que provoca entre sus fachones representantes en España que por lo que hace. A ver si da el pasito que pueda convertir en realmente positivos mis sentimientos hacia él. Y se me ocurre que bien podría obrar el milagro de denunciar el Concordato con el Estado español por injusto, arbitrario e inconstitucional. Lo que no se ha atrevido a hacer ningún político laico español puede hacerlo él» (3.10.13). La misma especulación hacía el «agnóstico católico» Javier Reverte en ABC (23.8.13).

Según El País, parecería que Francisco no sólo va a retirar los acuerdos de España con el Vaticano, sino que incluso podría revisar el dogma de su infalibilidad; a propósito de la encuesta emitida por el papado como preparación del sínodo sobre la familia, Ordaz escribe: «Jamás se había visto a un Papa organizando una asamblea mundial para conocer la situación real de su Iglesia. […] Jorge Mario Bergoglio parece convencido de que la Iglesia de hoy, más que un Papa infalible, necesita un Papa que escuche» (2.11.13).

El catedrático de Ciencias Políticas Antonio Elorza ofrece un análisis teológico del mensaje de Francisco, destacando que ha dado «un giro copernicano a la relación precedente entre fe y racionalismo, entre “la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana” […]. Lo cierto es que Francisco ha modificado sustancialmente la relación entre pecado y libertad humana. […] Ahora el eje del dilema entre el Bien y el Mal se dirime en el interior de la conciencia de cada uno, pudiendo contar además con la ayuda de la gracia divina en el marco de una concepción antropológica optimista» (13.1.14).

En la sección de Cartas al Director se han publicado numerosas misivas de lectores, todas favorables a Francisco; pero no publicaron la nuestra, de tono respetuosamente crítico, como explicamos en el apunte ¿‘El País’ no acepta críticas al papa?.


El mesías Francisco y su profeta Juan Arias

Pero el mayor profeta de Francisco en El País, y uno de los mayores en toda la prensa en español (incluida la de corte confesional católico) es el periodista y escritor Juan Arias. Francisco es para él «el papa de la “primera vez”», que comienza su reinado revolucionando la institución que encarna (14.3.13). Como si fuera un redentor de los pobres, «la periferia pobre, explotada y olvidada del mundo lo está esperando» (28.3.13). Se pregunta Arias: «La Iglesia ha encontrado un líder ¿Y el mundo político?». Lo compara con Gandhi, M. L. King y Mandela, y considera que «puede llegar a ser más que un mero líder espiritual de una Iglesia», pues «sus primeros gestos de desapego a las apariencias y símbolos del poder vaticano para poner su énfasis en una Iglesia que debe ser “pobre y para los pobres”, lo están ya convirtiendo también en una referencia política y social del mundo», y además ya le había confesado a su amigo el rabino Skorka «que a él “le gusta la política”, concebida como “la fuerza responsable del bienestar de la gente”». Escribe también: «El viernes santo pasado, el papa Francisco se echó en la Iglesia de bruces al suelo en adoración no a los poderes del mundo. Lo hizo en señal de fidelidad a aquel Jesús que predicaba que “quién defiende la propia vida la perderá” y que los “que se humillan serán ensalzados”» (30.3.13).

Arias cree que «nos falta un profeta Natán» (aquel que denunció los crímenes del rey David). ¿Quién podrá serlo hoy? «Los profetas bíblicos fueron la salvación de Israel, porque eran los voceros de Dios contra la corrupción del poder. Eran los que obligaban a los reyes de oscuras biografías a ponerse de rodillas y pedir perdón a Jahvé. Lo recodaba el papa Francisco» (5.4.13). Parece no caer en que Francisco, especialmente desde que es papa, es uno de los poderosos de este mundo, así que si hubiera profetas éstos deberían increparle a él…

Según Arias, «la teología pura y llana del evangelio […] fue la de Francisco de Asís», tomando el modelo de Jesús de Nazaret. En ella se inspira Bergoglio, además de en el profeta del Antiguo Testamento Amós, quien «fue llamado el “profeta de los pobres”. Curiosamente como hoy Francisco es llamado el “papa de los pobres”» (11.4.13).

Este periodista se permite incluso “anunciar” o interpretar supuestas intenciones papales, las cuales no se han cumplido: Anunció que en Brasil apoyaría las protestas ciudadanas por ser «justas y acordes con el Evangelio» (2.7.13). En un artículo que inicialmente se titulaba “El papa Francisco contempla entre sus reformas nombrar cardenal a una mujer”, pero al que después cambió el título (22.9.13), Arias escribía: «No se trata de una broma. Es algo que le ha pasado por la cabeza al papa Francisco». (El disparate fue posteriormente desmentido por el propio Francisco). En ese texto, el periodista afirma que el papa tiene «un programa bien concreto: cambiar no sólo el aparato herrumbroso de la maquinaria eclesial sino también resucitar el cristianismo de los orígenes». Como si tuviera poderes adivinatorios, Arias escribe que si Francisco «insiste en que no quiere hacer los cambios precipitadamente y que antes prefiere “escuchar” a la Iglesia, es porque esos cambios, algunos sorprendentes, los tiene ya en mente, quizás bien enumerados».

Francisco entre la gente

Cuando el papa anunció que no usaría el papamóvil en Brasil, Arias lo comparó con Jesús, quien «estaba allí, entre la gente, anunciando un mensaje de paz y no se preocupaba por su incolumidad. Lo mataron con 33 años» (13.7.13). También lo compara con «el nuevo Moisés de la Iglesia» (29.7.13); “Iglesia” siempre en mayúsculas, y siempre en referencia a la romana, como si no hubiera otras… «La revolución que el Papa ha lanzado desde Brasil al mundo, como ya se esperaba, va en serio». Y, como siempre hacen los apologetas papales, en caso de que Francisco no consiguiera sus supuestos objetivos, que quede claro que la culpa sería de otros: «¿Dejarán a Francisco –que se ha presentado despojado y cercano a la gente, sin las insignias reales del papado– llevar a cabo esa novedad histórica que obligará a la Iglesia a una catarsis colectiva?».

«Francisco es un papa que “esconde en la aparente suavidad de sus palabras, una crítica feroz al poder”, me decía hace unos días un sociólogo brasileño agnóstico», escribe Arias en un artículo con curiosas especulaciones teológicas a partir de una frase de Francisco (26.7.13). En otro defiende la idea de que la afición del nuevo papa al contacto físico con la gente responde a una nueva teología de la sexualidad (2.8.13). También está, según él, revolucionando el concepto de pecado; «confiesa sus pecados y los enumera sin pudor. Más aún, como en toda verdadera confesión, promete no repetirlos, sobre todo después de haber “aprendido de la vida”. Estamos, guste o no, ante un papa no papa, si lo comparamos con los otros papas de la historia» (19.9.13). «Es cierto, sí, que Francisco está llevando a cabo una revolución en el concepto de pecado, no para abolirlo, pero sí para diversificarlo, para entender que a veces lo que en el frío laboratorio teológico es considerado pecado, en la circunstancia concreta, por ejemplo de la madre que se ha visto en el aprieto de tener que abortar por circunstancias extremas de su historia personal, es algo muy diferente» (6.1.14), escribe, atribuyendo de nuevo al papa palabras que jamás ha pronunciado (como la referencia hipotética a la joven que aborta) y que contradicen otras que sí ha pronunciado.


¿Críticas?

Las únicas referencias críticas destacadas que hemos encontrado en El País hacia Bergoglio en este año han sido un artículo en un blog principal del diario (El cuento del buen papa, de Martín Caparrós), y un reportaje de la edición catalana titulado “El Papa elude pedir perdón a las víctimas por el apoyo de la Iglesia al franquismo” (13.10.13).

Con pocas excepciones, el tono con que la progresía –generalmente muy ignorante en materia religiosa– ha recibido a Francisco ha sido de entusiasmo. ¿Responde esta visión a la realidad objetiva? ¿Cómo han interpretado al nuevo papa los sectores más formados del mundo católico romano? A ello responderemos en sucesivas entregas de esta serie.

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