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Marzo 2005
 
COPE: La prueba de Blázquez COPE: La prueba de Blázquez
¿Le “hincará el diente” a la COPE el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española?
 

COPE: La prueba de Blázquez
© Juan Fernando Sánchez
www.laexcepcion.com (20 de marzo de 2005)

¿Le “hincará el diente” a la COPE el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española?

El pasado 8 de marzo se conocía la elección del obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, como nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Una noticia de alcance acompañada de notables interrogantes. La consiguiente defenestración de Antonio María Rouco parece aportar, por sí sola, un mínimo respiro a la situación política. Rouco es el principal responsable español del giro ultraagresivo de la Iglesia Católica Romana (ICR) en nuestro país, con serias consecuencias para la paz social. La cuestión básica es si su derrota podría suponer un cambio de rumbo, al menos en cierto grado. Algo similar, aunque en otro plano y a otra escala, a la caída de Aznar un año antes.

Pero tratándose de la ICR, paradójicamente, no hay que lanzar las campanas al vuelo. Estamos ante una institución calculadora y enigmática, además de rígidamente jerarquizada, cuya política básica se diseña desde Roma. Las admoniciones del papa contra el “laicismo” del gobierno de Zapatero (ver, por ejemplo, El Mundo, 25.1.05) mostraron de manera evidente que la campaña de Rouco y de los obispos españoles está orquestada desde el Vaticano. En este sentido, no cabe esperar que un relevo en la presidencia de la CEE vaya a cambiar las cosas, al menos en cuanto al fondo se refiere. Quizá sirva, eso sí, para suavizar las formas. La apariencia conciliadora de Blázquez, tan distinta de la dura imagen exhibida por Rouco, parece especialmente indicada para ello. Y eso, en principio, dada la enorme influencia y el creciente poder de la ICR española, sería de agradecer.

Pero decimos “en principio”. Un cambio de formas pero no de fondos podría suponer una aplicación más de la “política de palo y zanahoria”, que tan hábilmente sabe usar la ICR. La indisimulada alegría del gobierno ante la elección de Blázquez (y, sobre todo, ante la caída de Rouco) es comprensible, pero tal vez lleve aparejada una excesiva relajación.

Con Rouco, el gobierno de Zapatero se sentía permanentemente contra las cuerdas (ver Doblegando al estado). Eso le obligaba a mantenerse alerta. El cambio en la CEE (quizá fruto de la idea de que un acoso tan frontal se estaba volviendo contraproducente para la propia ICR), puede hacer bajar la guardia de los psocialistas. En un marco así, un hombre más dialogante, como parece ser Blázquez, resultaría más idóneo que el propio Rouco para completar la tarea que éste inicó: la (re)conquista del estado. Es decir, la reconfesionalización de España, en directa oposición a lo que dice nuestra Constitución.

Los primeros pasos de Blázquez no favorecen el optimismo de los constitucionalistas sinceros. A diferencia de Zapatero, que tomó medidas tan espectaculares como esperanzadoras nada más llegar al poder (la principal, la retirada de Irak), Blázquez no ha hecho nada. Tampoco ha dicho nada claro sobre lo que piensa llevar a cabo. O, para ser más exactos, ha dejado hacer cosas intolerables: por un lado, el nuevo funeral de estado en el aniversario del 11-M (cuya responsabilidad máxima, claro está, es del gobierno), una nueva burla a las decenas de víctimas no católicas romanas de ese macroatentado; y entretanto, las cegadoras estrellas de la COPE siguen lanzando sus flashes tan brillantes como violentos, cual si en la CEE no hubiera pasado nada.


El asunto COPE, la piedra de toque

El abulense Blázquez, mal recibido hace años por los nacionalistas excluyentes en el País Vasco al ser nombrado obispo de Bilbao, se ha ganado luego fama de “comprensivo” con esos sectores. No en vano llegó a oponerse a la ilegalización de Batasuna y se distanció de la CEE en la (muy ambigua) crítica que hizo ésta, liderada por Rouco, al Plan Ibarretxe (ver Nacionalismo vasco y catolicismo).

Hablemos al fin de la COPE, poderosa radio propiedad de la CEE y principal plataforma mediática de la ICR en España. En sus programas de mayor audiencia, que ocupan más de doce horas al día, sigue una línea completamente hostil a dicho nacionalismo excluyente. Una hostilidad virulenta y cargada de odio, no sólo hacia los representantes directos de esa corriente política (dirigentes del PNV, EA…); también, hacia todos aquéllos, empezando por el gobierno español, que según ella estarían contribuyendo al fortalecimiento de la misma. (Eso sí, con descarada hipocresía, siempre se ha guardado mucho de atacar a los obispos del País Vasco que han contribuido a eso mismo).

Pero la violencia verbal de la COPE, alentada por Rouco, y actualmente centrada sobre todo en el PSOE, no se limita al asunto del “separatismo” (término de resonancias franquistas rescatado por la Brigada Antiprogre, BA). Son igualmente objeto de ella temas como la presunta ilegitimidad del propio gobierno psocialista, su supuesto “laicismo”, sus medidas sobre matrimonios gays, la política inmigratoria, el programa económico… y, por supuesto, cualquier crítica, venga de donde venga, a la guerra de Irak, lo que hace de la violencia verbal empleada por la BA una apología de la violencia física. Una agresividad, por cierto, directamente proyectada no sólo contra temas, sino destacadamente contra personas, lo que entraña una gravísima contradicción con la ética cristiana que esta cadena de radio dice encarnar. No es extraño el bochorno de muchos sinceros católicos romanos ante los “extravíos” de su emisora, y tampoco es descartable que este factor haya contado en la caída de Rouco.

Entonces, ¿a qué espera Blázquez para cambiar la COPE? ¿Puede congeniar su talante conciliador con semejante espíritu ultrabelicoso? ¿Tiene sentido que un obispo que ha sabido granjearse la amistad del nacionalismo vasco presida ahora una cadena de radio que a todas horas machaca a ése y a los demás nacionalismos periféricos? (Conste, dicho sea de paso, que para La Excepción estos nacionalismos, como cualquier otro, no son objeto de especial afecto; pero ése no es el tema aquí).

No es fácil lanzar vaticinios fiables sobre qué pasará en la COPE. Recuérdese que, bajo el dominio de Rouco y la BA, ha alcanzado unas cuotas de audiencia históricas, lo que da a la ICR española dinero, notoriedad e influencia. No se olvide tampoco que el catolicismo romano, en todas partes, siempre juega a dos (o más) bandas, en la cuestión del nacionalismo vasco (ya lo hemos visto) y en tantas otras (véase Juan Pablo II, ¿el “papa de la paz”?). Sin duda, lo seguirá haciendo.

Pero al mismo tiempo, es de suponer que el cambio de Rouco por Blázquez tiene que implicar algo. Seguramente, sólo un cambio de fachada, aunque en este caso eso ya sería relevante, pues se supone que implicaría la caída de al menos alguna de las estrellas de la COPE (hoy por hoy, la principal fachada de la ICR). Tan relevante como difícil e incómodo, pues éstas representan auténticos sectores de poder e influencia (BA, PP, lobbies neoconfesionalista y pro norteamericano, ala dura de la propia ICR…). En este sentido, es significativa la respuesta de César Vidal, estrella de “La Linterna” de la COPE, en un chat con los lectores de Libertad Digital (8.3.05). Se le preguntaba cómo esperaba que influyese en la radio romanista el relevo en la cúpula de la CEE, a lo que daba una respuesta no exenta de veladas amenazas: «A decir verdad, lo ignoro. En cualquier caso, yo siempre me aplico la frase de Cromwell: Elevemos nuestras oraciones al Señor y mantengamos seca la pólvora.»

¿Qué hará, pues, Blázquez? ¿Nos dará una nueva lección de la típica maestría curial, logrando aparentar que todo cambia sin que nada cambie? Si es así, ¿cómo diantres lo hará?

Sea como fuere, una cosa está clara: el relevo en la CEE, tanto para católicos como para no católicos, sólo será creíble si Blázquez le hinca de verdad el diente a la COPE.

Para escribir al autor: juanfernandosanchez@laexcepcion.com
www.laexcepcion.com

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